Al igual que muchas otras ciudades de Europa, entre ellas Londres que superó sus límites anuales de contaminación en la primera semana de 2017, la calidad del aire de Oslo ha sido todo menos estelar en lo que va de invierno, llevando a la capital noruega a establecer una prohibición temporal en los vehículos diesel en un intento de reducir rápidamente los niveles de contaminación.

Adicionalmente, Oslo ha creado un nuevo programa de incentivos para alentar a los ciudadanos a adoptar formas más limpias de transporte. El plan ofrece hasta 1.200 a los residentes de la ciudad para comprar bicicletas de carga eléctrica – bicicletas equipadas con motores eléctricos que permiten transportar cargas más pesadas a través de remolques o cestas. Todos los residentes, independientemente de sus ingresos, son elegibles para solicitar los fondos.

Este es el segundo programa que Oslo ha impulsado con el objetivo de incentivar el uso de la bicicleta. El invierno pasado, la ciudad lanzó una iniciativa similar, ofreciendo hasta 600 para comprar e-bikes estándares. Su aparente éxito llevó al ayuntamiento a llevar el proyecto al siguiente nivel.

Estas iniciativas del gobierno local se basan en el ambicioso plan de ampliación de la infraestructura de bicicletas de Noruega por un valor de 1.000 millones de euros. Las rutas de alta calidad para bicis planificadas esperan atraer a más ciclistas. Pero incluso con una infraestructura mejorada, el clima de Oslo y el paisaje montañoso siguen siendo un obstáculo para un cambio de modalidad exitoso. Esto es parte de lo que hace las bicicletas de carga tan atractiva. No sólo hacen el viaje más manejable, sino que abren una serie de oportunidades prácticas, como poder transportar compras de comestibles, paquetes y demás.

Si bien el ayuntamiento está entusiasmado con la iniciativa, ha habido algún retroceso. Las bicicletas eléctricas de carga actualmente cuestan entre 2.400 a 6.000 , eso implica que los ciudadanos más pobres probablemente no podrán aprovechar la subvención, cosa que ha sido altamente criticada.

La validez de estas preocupaciones está bien fundada y se podría hacer más para asegurar que los programas sean más accesibles a los estratos más bajos económicamente, pero a pesar de esto, está claro que tanto la ciudad como el país están resueltos a impulsar grandes cambios con tal de mejorar la calidad del aire que respiran.